Camino de Santiago



Desde hacía mucho tiempo quería hacer el camino de Santiago y fue en julio del 2005 cuando por fin pude hacer realidad el proyecto, gracias a la ayuda de Reyes. Por motivos de tiempo solo pude hacer los últimos 112 km desde Sarria.

Salí de Lleida en el estrella de Galicia el  3 de julio por la noche y llegué a Sarria a la mañana siguiente:


El estrella de Galicia a su llegada a Sarria.

 

La primera etapa fue de Sarria a Gonzar (unos 30 km),  etapa en solitario y desde Portomarín a Gonzar  (8km) especialmente dura debido al calor y a la ausencia de peregrinos. En Gonzar conocí a José Ángel de Santiago y a Alejandro de Madrid que hacían el camino juntos. También conversé con un alemán de 74 años que hacia el camino desde Roncesvalles hasta Fisterra.


 

José Ángel, Alejandro y Pep.

La segunda etapa Gonzar-Mato Casanova la hice en compañía de José Ángel y Alejandro, las botas me llagaron los talones  y tuve que seguir el camino con sandalias, sólo la proximidad de Santiago me hizo seguir, si hubiera empezado desde Roncesvalles seguramente hubiese regresado a casa.


                   Detalle de las llagas talonarias                         Foto del menda, Micaela (profesora sueca) y Alejandro.

 

En esta etapa predominaron las fuertes subidas  y el calor. Destacar también los bocadillos en un bar de Eireixe y la cena en Casa Domingo en Pontecampaña. Desde Casa Domingo llamamos al albergue para ver si había sitio y nos respondió una señora que nos indicó que si que disponía de literas libres. Al llegar al albergue no había ninguna señora y luego al volver a  Casa Domingo a cenar vimos que tampoco había cobertura de móvil. Cómo pudimos llamar? Quién cogió el teléfono? Preguntas con respuesta, pero que no conocíamos, lo que si sabíamos es que faltaban 60 km hasta Santiago.

      Casa Domingo

La siguiente etapa fue de Mato Casanova -Arzúa. En Melide fuimos al centro médico para chequear mis pies y la rodilla de José Ángel, seguimos camino hasta Ribadiso, donde el albergue era un verdadero paraíso, pero preferimos seguir hasta Arzúa y pernoctar en el Hostal O'Retiro. En Arzúa conocimos a Amparo y Elena, dos chicas de Cantabria, todos juntos cenamos en el mesón Venus, tomamos unas copas y nos fuimos a dormir temprano.

 


Jose Angel, Amparo y Alejandro


Amparo, Elena, Alejandro, Pep y Jose Angel.


                                  Ribadiso                                      Amparo, Elena, Pep, José Ángel y Alejandro


Como reventar una ampolla a una italiana.



La última etapa fue Arzua- Santiago (39 km) Esta etapa fue dura y en solitario pues decidí hacerla entera debido al estado de mis pies, cada día los curaba y al día siguiente se abrían otra vez las heridas, quise llegar a Santiago para poder descansar y caminar  lo menos posible al día siguiente. Salimos todos juntos de Arzúa sobre las 7 de la mañana y llegué a Santiago a las 17: 30, solamente paraba para beber pues si me detenía los pies se enfriaban y era peor. Al llegar pase por la catedral, abracé al apóstol, puse una vela que había prometido y acudí a la oficina del peregrino a buscar la Compostela, luego busqué un hostal, cosa que no fue fácil y después de recorrer muchos encontré uno al lado de la catedral, muy económico y que me evitaría al día siguiente caminar  para ir a la misa del peregrino. Cené el menú del peregrino: ensalada de pasta , zorza con patatas y tarta de Santiago que me supo a gloria después de todo el día en ayunas. Luego a dormir pronto para ver llegar al día siguiente a mis amigos del camino.


Catedral de Santiago                                                             Compostela


Al día siguiente me desperté por la costumbre del camino a las 5 de la mañana,  pero me levanté a las 8 y fui a visitar las tiendas y esperar a los amigos que iban llegando, para asistir todos juntos a la misa del peregrino.
 
Aqui vemos el detalle del botafumeiro en la misa del peregrino


Realmente era muy emocionante irse encontrando con los compañeros del camino a los que desde aquí saludo y brindo la página para que pueda dar testimonio de sus historias. Este es el relato de Alejandro:

A veces las cosas salen bien porque la casualidad es caprichosa:

El camino de Santiago da para muchas anécdotas, cada paso es una vivencia, cada albergue una aventura y cada persona que conoces es un espacio lleno en el corazón. Una de esas vivencias llegó justamente en el eclipse del camino. Era la última etapa, una etapa de reflexión, en la cual haces balance de cada kilómetro, de cada persona, de la vida, de cómo transcurre y cómo te gustaría que fuese. Por un lado, sientes deseos de llegar, pero, por otro, no quieres que termine, ansías seguir caminando aunque tengas dolores en sitios que nunca antes te habían dolido, anhelas el poder vivir con tan poco y temes que cuando pares, cuando llegues a tu destino, sientas el vacío.

En esa ultima etapa ocurrió algo fruto de la casualidad, del miedo o del arrepentimiento:
 
Llegamos Jose Angel y yo a eso de las tres de la tarde a un Albergue situado en la Aldea de: O Pino.
Esa misma jornada en la cual habíamos empezado con nuestros compañeros de viajes: Pep, Elena  y Amparo. Fue una jornada intensa, tiempo soleado y un trayecto entretenido. Nuestro compañero Pep, sufría de molestas ampollas en los pies, pero eso no fue impedimento para que él y su promesa tomara la cabecera de grupo y llegase a su destino antes que nosotros.
Llegamos el resto de grupo a dicha aldea, después de sellar la credencial de peregrino, decidimos ir a comer. Lo primero que hicimos al llegar al bar fue mirar la televisión, en ella emitían imágenes de los atentados de Londres(qué bueno es el hombre a veces y otras en cambio que sanguinario podemos llegar a ser),después de comer Elena y Amparo siguieron el camino.
Jose Angel y yo, después de descansar en el albergue y mantener una conversación  con el cuidador del albergue, mi vista fijo la atención en dos personas, una de ellas era ciega y la otra padecía cierta incapacidad de movilidad.
Jose angel y yo decidimos ir a dar una vuelta por los alrededores de la aldea, concretamente fuimos a la iglesia. al llegar a las proximidades de la iglesia, encontramos a dos viejas conocidas(las dos mujeres que caminaban sin mochila).Al llegar a la iglesia(de cuyo nombre creo que era Santa María) la encontramos cerrada. Nos sentamos en unos bancos de enfrente, al mirar hacia un lado encontré una la funda de lo que aparentemente podía ser una cámara de fotos, la cogí del suelo, estaba nueva y era bastante chula, me la guardé en el bolsillo.
Regresábamos al albergue, cuando nos cruzamos con la pareja de personas que ya comenté antes, nos preguntaron si habíamos visto una funda de una cámara de fotos, yo la tenia en el interior de mi bolsillo y por vergüenza, oculté que la tenia yo. Ellos continuaron su búsqueda caminando hacia la iglesia donde estuvieron haciendo fotos. Mi conciencia no podía permitir quedarme con esa funda y decidí dejarla en mitad de la acera, bien visible, cerciorándome de que en esos momentos no paseaba nadie más y convencido de que esas dos personas
tomarían el mismo camino de regreso, nos alejamos un poco y tomamos posición en un banco para ver el desenlace de tan embarazosa situación, cual fue nuestra sorpresa cuando casi de la nada salio un hombre de mediana edad y barba poblada dirigiéndose inevitablemente hacia donde se encontraba la funda, perdí toda esperanza de que pasara inadvertida ante sus ojos.

Regresamos al albergue, trascurrido cierto tiempo, vimos aparecer a la pareja con cierto brillo en los ojos. Les pregunté si habían encontrado la funda, cual fue mi sorpresa a su respuesta afirmativa y de la cual me añadió aun mas: El hombre me comentó que cuando regresaban de la iglesia, el párroco que casualmente pasaba, les preguntó que es lo que estaban buscando, ellos se lo dijeron y el párroco les mostró la funda que cogió del suelo hacía unos instantes. Pero no queda ahí la cosa, uno de los dos hombres le comentaron al párroco que hace ya muchos
años visitó la iglesia por primera vez y que volvía ahora con su amigo invidente para enseñársela verbalmente, comentó que la virgen está rodeada de una concha y es curioso de ver; el párroco gustosamente abrió las puertas del templo para ellos y los dos hombres pudieron entrar a contemplar la iglesia.
A veces sin querer hacemos un bien, la vida da la vuelta una y otra vez.


                      Amparo, Pep, Alejandro y Luis (Perú)                                                 Misa del peregrino


  Amparo, Toni, Raquel (Leon), José Ángel, Alejandro y Elena. El peregrino que lleva más tiempo en la catedral


Amparo, Pep y Elena. Ellas dos siguieron camino hasta Finisterre.




Foto de Finisterre enviada por Elena


Quiero agradecer  a José Ángel la información proporcionada durante todo el camino y a todos los demás por su ayuda en la realización de esta web. Un fuerte abrazo a todos!!!!!!